Trayectoria artística
Lluís Ventós nació en Barcelona en el año 1952. Educado en el seno de una familia de tradición empresarial, su etapa escolar estuvo marcada por la súbita transmutación del aire liberal de los primeros años de estudio por el ambiente mucho más estricto de la escuela clerical. Después vino la universidad, la facultad de económicas... Todo parecía, cuidadosamente, canalizado.
Pero, por convicción, por contundente y férrea disciplina, voluntad y tozudería, aquel futuro empresarial no se materializó “Yo soy, y quiero ser, pintor” nos decía mientras nos explicaba su doble vida clandestina en un pequeño estudio.



1977- 1980:
Los inicios
Entregado de lleno a la pintura, Ventós inicia su carrera profesional guiado por la más elemental intuición. Es un autodidacta; un pintor joven, rebelde, abierto al descubrimiento, dispuesto siempre a aprender, y libre; fundamentalmente libre. La obra de estos primeros años es de una impetuosidad visceral; un querer reflejar, de pronto, sin pausas ni miramientos, una interpretación fantástica y crítica de una realidad, tal vez demasiado tiempo recluida.

"ELEMENT 3"
Guache 1977
49,5 x 64,5 cm

 

1980-1990:
La reflexión y el símbolo
Pero a medida que va avanzando, se le hace necesario poner orden a todo aquel torbellino de emociones y sentimientos. Poco a poco se incorpora en sus trabajos la que será ya una constante en su evolución como artista: la reflexión permanente buscando la síntesis, la más elemental sutileza. En una clara tendencia ya hacia el constructivismo, expone en Galería Trece (Barcelona 1980). En este trabajo, Ventós, introduce otro elemento que estará presente en toda su obra: la utilización del símbolo (en este caso el naipe) como principio sustancial de su lenguaje.

Una geometría diferente
Después, el mar, las barcas, los collages con madera, y sobretodo el color, unos colores mediterráneos, limpios, transparentes... Y de vez en cuando, alguna ráfaga figurativa reivindicando la marina desde el mar (“Viaje imaginario” Galería Cadaqués, Fundación Miró, 1984, acompañado de poemas de Joan Simó, una colaboración que se irá repitiendo en otros trabajos). En los nuevos cuadros de Lluís Ventós se evidencia una cierta geometría (que con el tiempo ganará consistencia como un rasgo característico de su pintura) con unos delicados puntos de fuga, sugerentes: una aportación personal e íntima que rompe las normas a menudo establecidas en el arte concreto, añadiéndole una humildad alejada de cualquier dogmatismo.

Nuevas formas de expresión: escultura con vidrio, hierro...
Es esta una época intensa. Las exposiciones son frecuentes (Lleida, Port de la Selva, Sitges, Barcelona, Madrid, Florencia, Ibiza, parís...), pero Ventós no frena su inquietud por experimentar nuevas formas de expresión. Ha descubierto ya el vidrio y esto le ha permitido adentrarse en un nuevo mundo. Se implica profundamente en los rituales de la transformación de la materia (“Maresía” – vidrio- 1982, 1983... “Los Vientos” – hierro- 198...).








"NIT DE PIC"
Collage 1980
65,5 x 100


"BARCA NEGRE"
Acrilic 1987
74 cm. x 74 cm


"BARCA BLAVA"
Acrilic 1987
74 x 74 cm


“ESTRUCTURA 1”
Collage 1990
32,5x34,5 cm


“ESTRUCTURA 2”
Collage 1990
32,5x34,5 cm

 

1990-2005:
La emoción, la vivencia, como vehículos de comunicación
A finales de los años 80, en Cataluña, coincidiendo con un alto nivel de especulación en el mundo del arte, s inicia una fuerte crisis en este sector. En este contexto, Lluís Ventós se replantea a fondo su papel en una dinámica de la que siempre ha intentado huir. Ve claro que hay que precisar los objetivos y establecer los medios adecuados para conseguirlos. Y el Ventós intuitivo, el Ventós inconformista, en un proceso de maduración personal, vuelve a las raíces y se afirma en la convicción de que, fundamentalmente, lo que hay que transmitir son vivencias, emociones reales, próximas. Y del mismo modo que la admiración por la figura del “mestre d’aixa” lo predispuso a trabajar con la madera y la tradición familiar en el sector de la perfumería influyó en su experimentación con el vidrio (reivindicación no manipulada del diseño en el campo de la perfumería – Maresía III, Maresía IV, homenaje a René Lalique), ahora, la intuición – eterna intuición - y la fidelidad a los orígenes, lo llevan a recuperar uno de sus mitos de adolescencia: el relato de Thor Heyerdahl sobre la Isla de Pascua.

El misterio y la fuerza de los moais
Buscando la imprescindible proximidad, y con la necesidad, el mismo, de impregnarse del misterio y de la fuerza de los moais, Lluís Ventós se traslada a la legendaria isla. Allí, en la sombra de los tótems milenarios y rodeado del silencio que hermana el cielo, el mar y la tierra, poco a poco, su cuaderno de vieja se va llenando de bocetos, y nace un nuevo proyecto basado en la iconografía simbólica de la cultura Rapa Nui. De retorno a Barcelona, este proyecto irá madurando durante años, fruto de un intenso proceso de introspección y de búsqueda de nuevos lenguajes. La sustitución de la pintura acrílica por el óleo le permite profundizar en su permanente ejercicio de la reflexión y la autoexigencia. Un ejercicio que culmina con la presentación de sus pinturas y esculturas, centradas en el tema de los moais. (Galería Trama – Sala Parés - Barcelona 2000, Juan Grais, Madrid 2003, Sala Parés, Barcelona 2003).


“MOAI 13”
Madera de wengé 2000
27x51x13 cm